miércoles 24 de enero de 2007

El peor día del año

En la radio, en los periódicos, decían ayer que el pasado lunes fue el peor día del año. Argumentaban sesudos articulistas que, la cuarta semana de enero, se vuelve en contra de uno mismo. Y ahora entiendo porqué estaba yo como estaba. Parece ser que esta semana, el cuerpo y la mente empiezan a darse cuenta de que los buenos propósitos pensados para este año no han empezado a desarrollarse como uno quisiera, que se sigue pagando una hipoteca –además han subido los tipos de interés- que si tomaste alguna decisión drástica, tal vez te equivocaste, que las caras que ves cada día siguen siendo las mismas que veías antes y que los sueños, al fin y al cabo, sueños son. Uno, claro, nunca sabe si todo eso está justificado o si son, simplemente, maneras de llenar las páginas de los diarios y los contenidos de los telediarios. El caso es que, sí, probablemente algo debe haber. Hemos terminado un año, se han acabado muchas cosas, empiezan otras y algunas se han quedado colgadas como una colada que no acaba de secarse al sol... Normal, está lloviendo estos días.