“En cualquier caso, el dinero vuela mientras yo me veo obligado a recoger colillas y a veces hasta pedir limosna en el seno de mi pabellón del manicomio: la corta pensión de mi madre no nos llega ni para empezar.”
Por los pasillos del manicomio de Santa Águeda, en Mondragón, se pasea una figura encorvada, de barriga prominente fruto del exceso con el alcohol. Fuma de manera compulsiva y, de pronto, escribe de manera obsesiva emborronando folios a mano o a máquina. De vez en cuando recibe alguna visita que le alegra el día. Otras veces consigue un permiso para viajar a otra ciudad donde recita algunos poemas o da una conferencia. Se trata, claro está, de Leopoldo María Panero, el último de una generación de escritores malditos. En muchas ocasiones la vida del artista supera su propio arte. La figura de Leopoldo María Panero y la de toda su familia es cautivadora tanto por la colección de anécdotas que han suscitado, como por la importancia de la poesía de éste. Jalonada de odios y amores desmesurados, de excesos con la bebida y las drogas y, por encima de todo, por la locura. Existen muchas páginas web dedicadas al poeta, así que es fácil encontrar sus versos en la red (aunque yo siempre recomiendo buscar alguno de sus libros en las tiendas del ramo) por lo que no haré aquí referencia a ellos. Tampoco voy aquí a juzgar su obra y la de sus hermanos, Juan Luís y Michi, también escritores, sino a reseñar tres referencias imprescindibles, difíciles de encontrar, apasionantes y, a ratos, aterradoras que no debe perderse cualquiera que quiera aproximarse al extraño mundo de los Panero. Preparados pues para un paseo por los versos del infierno.
EL CONTORNO DEL ABISMO
(Vida y leyenda de Leopoldo María Panero)
J. Benito Fernández
Colección Fábula, 259. Tusquets Editores, 2006 (Reedición. Originalmente editado en 1999). 404 págs. 8,95 €
ISBN: 84-8310-495
La historia completa con todos los detalles de la familia Panero. El padre, Leopoldo Panero, se casa con Felicidad Blanc. Un matrimonio que arranca mal, con grandes ausencias del poeta de Astorga en constantes viajes a Sudamérica. Felicidad, se ve atraída por Luis Cernuda, gran poeta y amigo de la familia con el que mantiene una constante relación epistolar en la que le cuenta al escritor sus frustraciones. Del matrimonio Panero, no obstante, nacen tres hijos: Juan Luís, Leopoldo María y José Moisés (Michi). Los tres serán escritores en el futuro. Leopoldo María será el más famoso por su poesía, por sus excesos y por una esquizofrenia que la hará deambular muy pronto por hospitales, cárceles y manicomios en los que su madre, Felicidad, lo ingresa –después de la muerte de Panero padre- incapaz de poder controlarlo. En el libro se detalla todo esto con un pulso narrativo apasionante digno de la mejor novela. Pero J. Benito Fernández no sólo se hace eco de las constantes boutades y anécdotas sangrantes protagonizadas por el poeta, que son diseccionadas con detalle, sino que reseña con precisión la obra del autor. Libros de poesía, ensayos, prólogos, traducciones y artículos, que ha ido publicando a lo largo de su vida, son fechados con precisión huyendo del enumeramiento más oficial y aburrido. Una labor de investigación sobresaliente que Benito Fernández repetiría años después con otro de los malditos de la literatura española sembrada ya de cadáveres: Eduardo Haro Ibars. Curiosamente, es Leopoldo María Panero con su esquizofrenia, su locura y sus excesos, el único que sigue vivo de aquella generación que se denomino “los novísimos”.
EL DESENCANTO
Guión y dirección: Jaime Chavarri. Producción: Elías Querejeta. Intérpretes: Felicidad Blanc, Leopoldo Panero, Juan Luís Panero, José Moisés Panero (Michi). Director de fotografía: Teo Escamilla. Montaje: José Salcedo. Formato: 35 milímetros. Blanco y negro. Duración: 97 minutos. Fecha de estreno en cines: 17 de septiembre de 1976. Edición en DVD: Manga Films, 2003. 14 €
Si el libro de J. Benito Fernández narra con detalle, pero desde el punto de vista de un biógrafo, la vida de los Panero, “El desencanto”, documental de una hora y media de duración fechado en 1976 y dirigido Jaime Chavarri, es la misma historia en boca de los protagonistas. Chávarri se encontró por casualidad con un material de primer orden. Lo que partía como un homenaje a Panero padre, tomó un rumbo completamente distinto cuando sus propios hijos y la mujer de éste, Felicidad, empiezan a despotricar contra el poeta acusándole de ausencias continuadas y olvidos imperdonables. Tanto Michi, el más vehemente, como Juan Luís, recitando sus propios versos, pretenden dar una imagen más literaria pero las apariciones de Leopoldo María (no hay que perderse el primer plano donde aparece caminando hacia la cámara en un cementerio) a mitad del film, eclipsan cualquier otra secuencia que no cuente con su figura. Felicidad Blanc, en el papel de viuda, actúa como si fuera una actriz interpretándose a sí misma, contando recuerdos de su marido, convertido en una estatua en Astorga, y la preocupación por sus hijos pero, en la secuencia final –un dialogo entre Leopoldo, Michi y ella- se destapan todos los trapos sucios. Leopoldo le echa en cara sus desatenciones, sus ausencias y de ser la causante de sus ingresos en instituciones psiquiátricas. Leopoldo culpó siempre a su madre de todos los males que le asolaban pese a que era ella la que siempre le daba dinero para que viviera esa vida de excesos, lo sacara de varios líos y le pagara varios pisos para que tuviera un sitio donde dormir. La película, rodada en blanco y negro, muestra el buen pulso de Chávarri en la sala de montaje, dándole un ritmo lento pero férreo al film desde su inicio hasta la mencionada secuencia final cargada de amargura.
Un documento impresionante.
DESPUÉS DE TANTOS AÑOS.
Guión y dirección: Ricardo Franco. Producción: Andrés Santana, Imanol Uribe. Intérpretes: Leopoldo Panero, Juan Luís Panero, José Moisés Panero (Michi). Director de fotografía: Gonzalo Fernández Berridi. Música: Eva Gancedo. Montaje: Daniel Cebrián. Sonido directo: Gilles Ortion. Formato: 35 milímetros. Color. Duración: 97 minutos. Fecha de estreno en cines: 24 de noviembre 1994 (Cuenca) 27 de noviembre 1994 (Madrid-preestreno) 10 de febrero 1995 (Madrid-estreno). No existe edición en DVD.
Los Panero, cuando han sido preguntados sobre “El desencanto” han tenido opiniones que han ido variando. Si bien saben que eso les dio una popularidad notoria, a veces se muestran en desacuerdo con sus propias actuaciones y le echan la culpa a su director Jaime Chávarri.
Por eso, cuando surgió la idea de hacer una segunda parte del documental, veinte años después, idea que nació del propio Michi y que debía dirigir Ricardo Franco, este, por deferencia profesional, le ofreció a Chávarri encargarse de realizar la secuela. Este tuvo una violenta discusión con Michi, que quería imponer su criterio en todo momento, y Chavarri acabó diciéndole a Franco que podía quedarse con los Panero “todos para ti”. De esta manera nació “Después de tantos años”. La película es menos espectacular que “El desencanto” pero mucho más terrible y triste. Michi deambula por los pasillos de su casa sufriendo una poliuneritis que le obliga a sujetarse a los pasillos para no caerse, ha tenido que dejar de beber después de sufrir una cirrosis y estar al borde de la muerte. La situación de Leopoldo, asomándose con la boca abierta entre los barrotes del manicomio de Mondragón, no es mejor. Juan Luís, en cambio, está completamente separado de sus hermanos, ya no los reconoce como su familia, a los que no ve desde hace años, y de los que no quiere saber nada. Los tres hermanos aceptaron rodar la película (Juan Luís fue el que más pegas puso) con la condición de no tener que verse entre ellos. Ricardo Franco, no obstante, se las apañó para juntar a Michi y Leopoldo en un cementerio, así por sorpresa, al final del film y sin avisarlos. Una secuencia triste, agónica, con los dos hermanos visitando la casa de Astorga derruida, donde pasaron los veranos de su infancia, pone punto y final a una película tras la cual uno se queda sentado en la butaca incapaz de pronunciar una sola palabra. Tal vez viene entonces a la cabeza aquella frase con la que arranca la película en boca de Michi: “La memoria es lo más cruel del mundo que te recuerda que cada día eres más viejo y estás más cerca de la muerte”.

