domingo 3 de junio de 2007

El Hombre Elefante




Su predilección eran las novelas de amor, los relatos en los que se imaginaba protagonista. Leía compulsivamente, coleccionaba los retratos que las damas de la sociedad victoriana de aquel Londres de 1880 le enviaban y los comparaba con la foto de su madre que guardaba con celo. “Es muy extraño, puesto que mi madre era tan bella” repetía a su amigo y benefactor el doctor Frederick Treves. Se llamaba Joseph Merrick pero era conocido por El Hombre Elefante.

Capítulo 1
Cuando Joseph Carey Merrick nació en el seno de una familia humilde, pero sin grandes pesares económicos, nada parecía predecir que la desgracia de unas terribles deformaciones acabarían convirtiéndolo en un monstruo. Para su madre, Mary Jane, el nacimiento de su primogénito fue una alegría que se truncó en desesperación cuando vio que su hijo empezaba a transformarse en un ser diferente a los demás niños. Mary tuvo dos hijos más, un varón bautizado como Willian Arthur y una niña, Marion Eliza. La desgracia comenzó a cebarse entonces sobre los Merrick. Una caída de Joseph lo dejaría, además de deforme, terriblemente cojo y Willian Arthur, falleció veinticuatro horas después de diagnosticársele una escarlatina. La desesperación de Mary Jane que se encontró de pronto con el terrible drama de un hijo muerto y otro que, cada vez más, iba cobrando un aspecto terrible, pudo más que ella y, tras contraer una bronconeumonía, fallecía dejando huérfanos a sus dos hijos y viudo a su marido Joseph Rockley.

Capítulo 2
Joseph ha ido creciendo y sus deformidades también. Aún no son tan terribles como serán en años venideros. Todavía puede encontrar trabajo en algunas fábricas y, con ello, escapar de la casa de su madrastra que lo humilla constantemente alegando que es una pesada carga para el resto de la familia. Efectivamente, Joseph Rockley contrajo matrimonio después de la muerte de Mary Jean con una joven viuda, Emma Wood Antill, que ya tenía varios hijos. A Joseph la comida se le ponía en la mesa con un trato vejatorio cuando, debido a sus cada vez más evidentes limitaciones, perdía su empleo. Los huesos de su cráneo iban creciendo desmesuradamente, uno de los brazos se iba transformando en una masa de carne, la mano iba perdiendo movilidad y aumentando en tamaño hasta hacer de toda la extremidad algo grotesco. El labio superior de Joseph había crecido unos veinte centímetros, semejante a una trompa carnosa que dificultaba el habla, la cojera aumentaba por el peso de las tremendas adiposidades que nacían de su piel. Perdió su trabajo en una fábrica de tabaco cuando le fue imposible utilizar la mano para fabricar cigarrillos y, a su desdicha, se le sumo la enorme paliza de su padre por ser, de nuevo, una carga para la familia. Esa misma noche cogería sus pocas pertenencias y se iría del hogar familiar. Sería la última vez que tendría contacto con ellos.

Capítulo 3
Joseph vaga por las calles de Leicester, la ciudad que lo vio nacer, la venta ambulante aún podía darle algún exiguo beneficio y, gracias a una licencia de buhonero, condición indispensable para ejercer de comercial, podía ganar algunas libras. Conmovido por la situación de su sobrino, el tío de Joseph, Charles Barnabus Merrick, decidió darle cobijo. Él y su esposa, que poseían una barbería y vivían modestamente en el piso de arriba de ésta, le dieron por fin un hogar. Charles y Jane no habían tenido suerte con los niños ya que habían perdido tres de ellos a los dieciocho meses de sus respectivos nacimientos. De nuevo las dificultades vendrían a cebarse en la vida de Joseph. Su aspecto era ya tan monstruoso que, nada más poner un pie en la calle, era rodeado de curiosos alarmados por un ser tan extraño. Pronto, en ninguna casa a donde acudía a vender sus artículos de mercería se le recibía. Y, lógicamente, perdió su trabajo y la licencia para desempeñar tal labor. Su tía se quedó embarazada por cuarta vez y Joseph pasó, una vez más, a ser una carga en el hogar de los Barnabus Merrick al no disponer de ningún ingreso. De nuevo tuvo que recoger sus cosas y volver a la calle.

Capítulo 4
En el Leicester de 1879 los centros de acogida no eran dignos de ese nombre. Allí iban a parar los casos más desesperados de indigencia, de enfermedades, tanto físicas como mentales, los despojos de una sociedad que, con los adelantos técnicos de fin de siglo, empezaba a necesitar menos mano de obra. Joseph ingresó como un parado, no como un enfermo, pese a su terrible aspecto. Lo aterrador del lugar lo hizo permanecer allí poco tiempo pero, tras otro breve e inútil intento de buscar trabajo, vuelve al hospicio del que no saldría durante cuatro años. Las condiciones de vida dentro del centro eran tremendamente rígidas y disciplinadas. Se trataba de mantener a todos los internos ocupados. Desagradables tareas, mala comida y un catre donde poder pasar las noches era de lo que disponía cada persona subscrita a las ayudas gubernamentales. Joseph era una anomalía de la naturaleza, un hombre que se iba transformando en algo indescriptible que causaba el rechazo y las burlas del resto de los internos. Aunque fue operado del labio superior, que ya alcanza unas dimensiones grotescas, la vida de Merrick no hacía sino empeorar hasta que supo de la existencia de un tipo que se dedicaba al mundo del espectáculo y a las exhibiciones de fenómenos extraños.



Capítulo 5
Sam Torr era, efectivamente, un hombre del espectáculo. Había recibido una carta de un tal Joseph Merrick que se ofrecía como atracción para sus exhibiciones de fenómenos. Torr acudió al hospicio y comprobó que el aspecto de Merrick era completamente distinto a nada que hubiera visto antes. Distinto y monstruoso. Asociado con otro avispado negociante, Tom Norman, decidieron montar una gira para el que se bautizó a Joseph como El Hombre Elefante. Pero Merrick había llegado tarde también al mundo de las atracciones de feria. Es cierto que había habido un creciente interés por las exhibiciones de anomalías y seres deformes, pero la depresión económica que se cernía sobre el país comenzó a cebarse también sobre los desgraciados freaks de la farándula. La gira de El Hombre Elefante llegó a Londres no sin dificultades. Se exhibía en una pequeña tienda delante del London Hospital. Un joven médico del centro, Frederick Treves, visitó la atracción a cambio de un chelín, pese a que esta estaba cerrada al público por la policía, que había tachado el show de denigrante espectáculo. Treves convenció a Merrick para llevarlo al hospital y estudiar sus deformidades. Allí le entregó una de sus tarjetas de visita y lo devolvió a la protección de Tom Norman, el socio de Sam Torr, que se había hecho cargo de Merrick en la gira.

Capítulo 6
Pese a la humillación constante que suponía exhibirse desnudo ante el público mostrando sus deformidades, Merrick no era maltratado por Norman. Sus dividendos en la gira le habían permitido ahorrar una importante suma de dinero que podían darle para vivir todo un año. El problema era que cada lugar donde pretendían llevar a cabo su representación era automáticamente cancelado por las autoridades. El aspecto de Joseph era ya tan monstruoso que se tornó en aterrador para todo aquel que lo contemplaba. De esta manera Inglaterra ya no era un buen lugar para El Hombre Elefante. Tom Norman confió entonces la exhibición de Merrick a un empresario austriaco para poder mostrarlo en el resto del continente. Joseph se encontraría de pronto sólo en Bruselas cuando el empresario se fugó con todos sus ahorros abandonándolo a su suerte. La gira había sido un fracaso estrepitoso. La policía había sido aún más dura que en su propio país y la prohibición del espectáculo dio al traste con la gira nada más empezar. Volver a Londres fue una aventura terrible para Joseph. El trayecto, con innumerables transbordos de tren y barco, eran una tortura. La dificultad en el habla era un problema añadido a la del idioma que, sumado a su aspecto, provocaban tumultos allá donde iba. Merrick se ocultaba con una larga capa y un pañuelo que le tapaba el rostro, pero eso no hacía más que su figura resultara aún más inquietante. Por fin, en la estación de trenes de Londres, una multitud lo asedió de tal manera que la policía tuvo que acudir en su rescate. Nadie entendía las palabras que salían de su boca deforme, un olor nauseabundo se desprendía sus tremendas deformidades y sus ropas estaban sucias y raídas. Sólo pudo entregar a las autoridades una tarjeta arrugada, la del médico que lo había examinado en el London Hospital. Frederick Treves fue avisado y acudió de inmediato. Los problemas de Merrick habían terminado.

Capítulo 7
Pese a que el London Hospital no admitía enfermos incurables, la desdichada historia de Merrick y su terrible aspecto conmocionó de tal manera a la dirección del centro y a su director Carr Gomm, que no hubo problemas en admitir a Joseph de manera permanente en la sala de aislamiento donde estaba a salvo de las miradas curiosas. Se adaptó la habitación, se le compró ropa y poco a poco la relación de Merrick y Treves fue transformándose en amistad. Pese a todo, la pregunta de Joseph siempre era cuándo me trasladarán. Treves le aseguraba que aquello era ya su hogar y no tenía porque preocuparse más. El doctor descubriría que Merrick sabía leer, que conocía muy bien La Biblia y que era un apasionado de las novelas románticas de las que en secreto, estaba seguro, se hacía siempre protagonista. El contacto de Merrick con el sexo femenino había sido nulo así que Treves convenció a una de sus amistades para que lo visitara y lo saludara con una sonrisa. Joseph no pudo contener las lágrimas.

Capítulo 8
La sociedad londinense adoptó al Hombre Elefante como una celebridad. Damas de la burguesía le mandaban su foto, era visitado por multitud de personas y Joseph empezó a perder el miedo al contacto con la vida que tan mal le había tratado. Incluso la reina Alejandra le hizo una visita. Treves apunta en su autobiografía que Joseph era como un niño que se sorprendía con todo lo que se le mostraba y desconocía. Cuando quiso conocer el campo se le buscó una casa aislada donde pudo pasar las únicas vacaciones de su vida y recorrer la campiña sin miedo a que nadie lo viera. Poco después de su vuelta al hogar, como él empezó a llamar, por fin, a sus habitaciones en el London Hospital, Joseph moría en su cama. Probablemente el peso de su cabeza hizo que el cuello se dislocara, ya que no podía dormir echado. Sus restos se exhiben aún hoy en el museo del London Hospital.

Algo más...

El Hombre Elefante
David Lynch
Tengo que reconocer que las películas de David Lynch nunca han acabado de gustarme del todo. Sin embargo este film, el único de su filmografía hecho por encargo, se beneficia del aire envolvente y la textura inquietante que lleva su sello. A priori, ni el director ni el productor (el especialista en comedias Mel Brooks) parecen los idóneos para llevar al celuloide la vida de Joseph Merrick, aquí bautizado como John, pero el resultado es magnífico. Los dos papeles protagonistas, Anthony Hopkins en el papel del Treves y John Hurt en el de Merrick son simplemente impresionantes. El guión recoge diversos episodios en la vida de Merrick y los ordena saltándose la cronología de cómo sucedieron en realidad, pero el resultado es igualmente atractivo. La historia no se desvirtúa en absoluto y el pulso narrativo no decae en ningún momento. Lynch decidió rodar en blanco y negro situando la película cerca de aquel “Freaks” de Tod Browning. La historia del rodaje y sus conexiones con el género del cine fantástico darían para un artículo entero. Como curiosidad ese “mi tesoro” que el cruel empresario Bytes susurra a través de la cortina a un Merrick muy enfermo al que rapta del hospital para exhibirlo de nuevo contra su voluntad. Era 1981, Peter Jackson lo homenajearía años más tarde en su trilogía de Tolkien.

La verdadera historia de El Hombre Elefante
Michael Howell y Peter Ford.
El éxito de la película de Lynch hizo que se publicara esta biografía de Joseph Merrick en nuestro país. Narrada con la precisión de una novela y con la ventaja de lo apasionante de la historia, es fácil dejarse llevar por su lectura prácticamente de un tirón. Incluye, además de documentos fotográficos en los que se nos muestra la crudeza de la deformidad de Merrick, dos apéndices con la breve autobiografía del propio Joseph y el estudio completo que del personaje escribió el doctor Frederick Treves.

El Hombre Elefante
John Morris

La excelente banda sonora de John Morris. En su primera edición en vinilo, en una cuidada carpeta interior, podemos ver algunos detalles del proceso de maquillaje del actor John Hurt hasta convertirse en Merrick. Se incluyen también unas completas notas de Morris en las que narra la búsqueda de una banda sonora que aglutinara todo el terror, la tristeza y las sensaciones de El Hombre Elefante. La partitura, efectivamente, emana una melancolía que nos retrotrae a la época de las ferias a las que llegaban los sucios carromatos transportando a sus fenómenos.

L’Home Elefant. El llibre de la Pel.licula
Joy Kuhn
El Hombre Elefante fue la primera película doblada al catalán para su estreno simultaneo con la copia en español. De ahí que la Generalitat apoyara dicho estreno con este libro, lujosamente editado, en el que se narra la vida de Merrick brevemente y se hace un interesante recorrido por el rodaje de Lynch. El material fotográfico es magnífico a modo de fotonovela de gran formato. Descatalogado, aún puede conseguirse en algunas tiendas de segunda mano o especializadas en coleccionismo cinematográfico.


The Elephant Man
Ópera compuesta y dirigida por Laurent Petitgirard

Fascinante ópera compuesta por Laurent Petitgirard en torno a la vida de Joseph Merrick. Como toda representación de estas características es muy teatral y se permite varias licencias biográficas sobre la vida del hombre elefante pero, desde luego, fascina por la calidad musical y el despliegue de medios. Uno no es un entendido en este tipo de música, desde luego, pero la fascinación por la historia es suficiente. Merrick fue un personaje importante en su época y su biografía ha inspirado un sin fin de reportajes, documentales y artículos. El mundo de la música clásica tampoco se ha olvidado de él. La obra también puede encontrarse en formato de doble CD.