jueves 28 de febrero de 2008

Tráfico aéreo

No puede uno dejar pasar la ocasión de tomar notas en un aeropuerto. Será, probablemente, por las pocas oportunidades que tiene de encontrarse en un sitio como este y la tranquilidad de venir a buscar a alguien y no tener que subir a uno de esos diabólicos artefactos voladores.
El aeropuerto es una tierra de nadie que habla mil idiomas y donde alberga uno la esperanza de que le pasen cosas sorprendentes.
De momento sólo pasa gente.
Dos mujeres se cuentan los transbordos que tienen que hacer para llegar a Pekín. Una chica llega llorando acompañada de sus padres. Pudiera haber perdido el vuelo o, tal vez, espera la llegada de malas noticias. La mayoría arrastra maletas con ruedas y juegan a bailar con las puertas mecánicas.
Dos gays muy gays intentan que todo el mundo note que los son. Una chica con un pantalón blanco muy ajustado no deja nada a la imaginación transparente. Sale el vuelo 441 con destino Málaga después de varios avisos. Llega el que viene de Madrid con sus pasajeros a bordo.
Anuncian el vuelo de Alicante, y se levantan de sus asientos un tropel de adolescentes comandados por una profesora que grita “¡Vamos, todo el mundo!”. Y echan todos a caminar en un desorden de viaje organizado.
La chica de pantalón blanco insiste en que se vea un tanga negro y por megafonía llaman a la pasajera Blanca García Velón para que acuda urgentemente a la puerta tres. Yo también voy, porque cuando uno ya conoce el nombre y los apellidos de alguien es como si le uniera algo a esa persona.
Vuelven a avisar del vuelo a Málaga, súper, súper urgente y me vuelve a tranquilizar el hecho de que ninguna salida me apremie.
Una madre da de comer a un bebé que no está por la labor y le escupe todo el puré a la cara. Una pareja juega a matar el tiempo con una baraja.
Aparece Blanca García Velón con prisa, arrastrando una maleta que parece muy pesada. La chica de la ventana tres le da un papel que parece una tarjeta de embarque y la chica sale corriendo. Una pena, me hubiera gustado saludarla.
Se llena el mostrador de información y se vuelve a quedar desierto en cuestión de segundos.
Pasan tres tipos que hablan de integrados y ordenadores. Un niño se me acerca y me mira con curiosidad. Después se va corriendo. Me nace el instinto paternal que se torna en animal cuando veo pasar dos clones de Fernando Alonso y uno de ellos eructa sonoramente.
En el aeropuerto se despide una pareja. Están muy tristes, como si el verano se hubiera acabado. Pero estamos en febrero, día de sol, con algo de viento. Pero ya se sabe, las estaciones, las fechas, los días, se rigen por el corazón y no por el calendario.