viernes 7 de marzo de 2008

Bucle

El encanto de la madrugada, de las calles vacías, de los pensamientos solitarios. El ruido del motor, los camiones de reparto, los periódicos en paquetes a las puertas del quiosco. El olor a pan, los portales oscuros, los niñatos de los afters volviendo a casa. Los semáforos en rojo, los huérfanos pasos de cebra, las bolsas de basura olvidadas, los ascensores sin conversación estúpida. El trabajo pendiente, la puerta de correos, la hora del desayuno, el programa de radio, los bolígrafos, los mails, el desorden, el teléfono, las prisas. La hora de comer, el menú para llevar, el carajillo por prescripción, la siesta de diez minutos, el cepillo de dientes, los platos sin fregar, la moto (otra vez), el turno de tarde. “Me voy, hasta mañana”, el tráfico, las ausencias, la librería, los libros, el capítulo de hoy. El cuaderno de bitácora, el balance de daños, el bocata de las nueve (o de las ocho y media, según hambre), la cerveza, una película, el sueño, los sueños, las persianas cerradas, el despertador preparado, las sábanas, otra manta para el frío, la radio... (Volver a empezar a leer desde el principio).