lunes 17 de marzo de 2008

Reset


Como todas las máquinas, mi cuerpo también necesita un reset de vez en cuando. Un ajuste de todos los sistemas. Lo malo es que suele pasar cuando él quiere y no cuando uno se lo dice. Así que, desde el viernes a las cuatro de la mañana, estuvo uno en danza con el estómago arriba y abajo, con ese malestar tan propio de lo hipocondríacos. Ése en el que el enfermo cree que su final está próximo y que la vida, después de todo, no estuvo tan mal.
Pero no. Sobrevive uno con los mil dolores pequeños que le sobrevuelan, como ese dulce pájaro de juventud cada vez más lejano, más perdido. Y se deja caer en el sofá a ver pasar películas como si fueran su propio argumento. Porque la vida de los otros es el material de los sueños y con la fiebre todo son pesadillas. Y es curioso que, entonces, parecen algunos filmes más buenos de lo que son, porque uno se vuelve mucho menos exigente. Y así pasa el sábado entre documentales de insectos copulando, películas X que no logran que a uno se le enderecen las cosas, zombis de clase Z inspirados en zombis de clase B y, en fin, todo un alfabeto de tonterías. Se siente uno como C3PO cuando decía aquello de “Amo Lucke, si no me necesita me desconectaré por unos instantes”. Me falta, eso sí, un baño de aceite lubricante.