jueves, 11 de diciembre de 2008

Alucinación

Fui a devolver el libro a la biblioteca pero llegué demasiado temprano.
-Hasta las once no abren- me dijo el vigilante.
Como me quedaban quince minutos de espera me acerqué hasta los jardines del Museo Marítimo. Estaba la tienda cerrada, parecía mentira que no funcionara nada a esa hora.
Estaba lleno de niños pequeños que venían de excursión con el colegio.
Me senté en un banco y me puse a dibujar el paisaje en mi trasquilada Moleskine, a la que ya le quedan pocas hojas en blanco.

De pronto, al levantar la vista de la página, vi que tenía a una chica delante. Parecía estar esperando algo o a alguien. Cuando se dio cuenta de que se interponía entre el paisaje y mi rotulador, se disculpó y se apartó hacia la izquierda.
Le dije que no se preocupara, que simplemente estaba pasando el tiempo. Nos sonreímos y desapareció.
Según iba esbozando estos garabatos que hace uno, que no son dibujos ni son nada, pero que evitan que el tiempo se convierta en tiempo perdido, iba mirando a ver si aparecía de nuevo aquella figura.
Era una chica de unos treinta años, con una falda larga y un abrigo abrochado hasta el cuello, donde aparecía una bufanda para evitar los rigores del frío del mar que llegaba soplando con fuerza.

Miré el reloj y me di cuenta de que habían pasado ya diez minutos de la hora de apertura de la biblioteca. Guardé el cuaderno, eché una mirada por aquí y por allá, para ver si la encontraba, pero ni rastro.
Después pensé, y si la encuentro ¿qué?...
Seguí mi camino con una absurda sensación, como si alguien me observara. Me giré varias veces y no vi a nadie.
Devolví el libro a la biblioteca. Encendí la moto y me puse en marcha. Ya en el Paralelo me pregunté si todo habría sido una alucinación.