miércoles, 10 de diciembre de 2008

Comidas

Hace ya casi dos meses que dejé de comprar en la tienda de comidas preparadas de al lado de casa. No sé cuanto tiempo hacía que me llevaba el menú de seis euros para no tener que cocinar.

Durante un tiempo me fue bien. Después me di cuenta de que, en realidad, no tengo ninguna prisa a la hora de comer y de que el estómago me jugaba cada vez más malas pasadas cuando comía cosas que estaba en un menú inamovible y que no me apetecían demasiado.
El caso es que también he dejado la cerveza que me tomaba a la hora de comer y cocino cada día. Nada complicado, pero eso sí, sé lo que tiene cada cosa, evito las salsas misteriosas o el desconocer si ese plato lleva ya dos días en una nevera. La verdad es que me encuentro mucho mejor.

El otro día comentaba con X. esa sensación de volver al trabajo por la tarde arrastrando la sensación de tener la comida atravesada. Ahora ya no me pasa. Se me atasca la existencia de vez en cuando, claro, pero eso es ya otro cantar. Por lo menos, en la medida que este en sus manos, debe uno cuidarse un poquito.