miércoles, 17 de diciembre de 2008

Escalera de vecinos

El otro día encontramos una enorme mierda en el ascensor. Nadie sabía decir si era de un perro, lo suponíamos, claro, pero era de unas dimensiones espectaculares.
Como ningún vecino fue capaz de limpiarla, y mucho menos el anónimo autor, tuvimos compañero de viaje durante una semana, hasta el viernes, que vino la señora que se encarga de limpiar la escalera y se encontró con aquella sorpresa debajo de una colección de papeles de periódico, que no habían hecho más que aumentar la bola de nieve de color marrón.

También hace unos días a alguien se le ocurrió mearse dentro de mi buzón. Una carta que, afortunadamente, era de publicidad, se quedó empapada.
Esta mañana, al volver a casa después de comprar el pan, me encontré a una vecina que estaba intentando poner un poco de masilla en unas grietas de la pared.
-Es que unos vecinos nos hemos juntado para arreglar estos desperfectos y, de paso, darle una capa de pintura a estas pintadas a navaja que han hecho en la madera de la puerta del ascensor –me dijo.
-Me parece muy bien- contesté. Y me fui.
Que no cuenten conmigo. Teniendo en cuenta que son los propios vecinos los que causan estos desperfectos, y sabiendo que están esperando que vuelva a estar todo limpio para volver a ensuciarlo, no tiene sentido.

Desde ese momento decidí que, de puertas para afuera, por mi pueden hacer lo que quieran. Eso sí, no quiero pensar qué hacer si me encuentro un día a alguien aliviándose en el portal.