miércoles, 24 de diciembre de 2008

Menos es más

Desde hace unos años, decidí volver a celebrar las navidades. Dejar de poner cara de asco a todo lo que son reuniones familiares, comidas opíparas y adornos navideños. Es decir, sabiendo que no vas a poder con el enemigo lo mejor es unirse a él.
Y desde ese momento reconozco que disfruto más de todo eso. Cierto que mi familia tiene un toque muy divertido, lo que lo hace todo más fácil, y que tampoco se viste uno de Rey Mago y martiriza a todo el vecindario masturbando una zambomba a ritmo de los peces en el río. No. Simplemente se trata de pasar una noche que sólo se da una vez al año.
Por lo tanto, aunque no voy a colgarme un collar de serpentinas y a vaciar las botellas de licores, ni poner un tapón en el intestino a base de turrón y mazapanes, sí que cenaremos bien y, tal vez, de madrugada, se acerque uno a la playa a dar una vuelta, pese a este frío del norte.