martes, 30 de diciembre de 2008

Vidas escritas

Leo de manera salteada el libro que recoge la correspondencia que mantuvieron la escritora Merçè Rodoreda y su editor Joan Sales. Una correspondencia que duró 23 años, con sus altibajos, sus confesiones íntimas, sus alejamientos y sus críticas literarias.
Me lo regaló X. así por sorpresa. Y a uno, que lo mejor que le pueden regalar son discos y libros que desconoce, le hizo mucha ilusión.
Además, el hecho de que llegara por correo tiene esa conexión maravillosa entre el contenido del libro y la realidad.

Obviamente, de las más de 500 cartas que se recogen en el volumen, no todas tienen la misma intensidad. Conviene ir leyendo en diagonal y detenerse en algunos pasajes, dejándose guiar por las abundantes notas que hay a lo largo de estas mil páginas.
Muchas de las cartas ahondan en la crítica literaria, en las correcciones que Sales hacía de algunos pasajes de la obra de la autora. Pero hay otras en las que, veladamente, asoma la soledad de uno y de otro. La soledad del exilio obligado o la de una relación sentimental que afecta al estado de ánimo y, por tanto, a la redacción de un texto.

Los libros que recogen relaciones epistolares son muy parecidos a los diarios. Pueden empezarse por la mitad o por el final. Leerse de manera salteada y atar los cabos poco a poco de una vida que nos es desconocida. De hecho, cuando conocemos a alguien ya lleva mucho tiempo viviendo y debemos descubrir el cómo y el por qué de su existencia. Todos llevamos dentro una novela, dice el amigo Trapiello en sus diarios. Y tiene razón.