martes, 23 de diciembre de 2008

Vivir bien

Ver pasar las horas no una ocupación ociosa, como podría parecer, si uno las dedica a recordar, a meditar sobre lo que sucede y si habrá hecho bien o mal tal o cual cosa.
Cierto que no parece una ocupación al uso y que pareciera el mundo detenido si no hay una actividad física, pero no es cierto.
Alguien me decía la otra tarde que yo vivía muy bien, con tiempo para estas tonterías que hace uno, lo de este blog entre ellas. Y la verdad es que me sentí entonces muy orgulloso de hacerlo, porque me di cuenta de que para llevar a cabo este diario tiene uno que sentarse quince o veinte minutos cada día y dedicarle un tiempo –aunque haya que robárselo al sueño- y hacer que la prisa del mundo se detenga unos instantes.
Claro, luego hay que oír estupideces como la de ese anónimo comentario de alguien que, seguramente, dedica su tiempo libre a otras actividades, muy respetables, por otro lado, y que a mí no se me ocurre criticar.
El caso es que ahora mismo que debería estar en la cama, porque mañana hay que madrugar estoy aquí, delante de la libreta escribiendo y, por lo tanto, viviendo bien. ¡Pues sí, qué caramba!