jueves, 29 de enero de 2009

Diario de viaje (13)

(Miércoles 31 de diciembre 2009)

Siempre hay un poso de melancolía en el día de fin de año. No sé por qué. Ahora que ya estoy en mi habitación llenando las páginas de esta libreta a la que le quedan pocas páginas de vida, me vienen a la cabeza momentos pasados. Generalmente no son buenos. Y uno no sabe por qué motivo no acudirán los instantes de risas y sí los de nubes grises.
Afuera verbenas y fuegos artificiales. ¿Celebrarán que empieza un año nuevo o que han sobrevivido al que termina? Ellos sabrán.
No tengo en realidad motivo de queja, así que debe ser el carácter de uno el que hace que las cosas sean de esta manera.
Me acordé de M. que me escribió diciendo que el fin de año lo pasaría sola. Se prepararía un menú de mariscos y vería estos terribles programas de televisión con el que todas las cadenas se empeñan en que empecemos el año. Supongo que su gata daría buena cuenta de las sobras. Debe ser un día especial pensaría la muy felina, porque no todos los días se cena así...
Me espera la novela que ando leyendo estos días hasta que me venza el sueño. Hace frío, unos cuatro o cinco grados, pero en casa se está bien y estamos todos. Las luces apagadas porque soy el último en irme a la cama. Suena de fondo una música que viene del pueblo.