martes, 13 de enero de 2009

Diario de viaje (2)

(Lunes, 22 de diciembre de 2008)
No hay mucha maleta que abrir, poca cosa, porque serán solo unos días. Los imprescindibles para pasar estas fiestas en familia.
Hoy salí a hacer la ruta de reconocimiento. Debe ser una comprobación inconsciente que hace uno para saber si sigue todo donde estaba cuando lo dejó la última vez que se fue. Y sí, de momento ahí seguía todo.
Lo imprescindible es salir al Muro, la playa, el mar. Es como un pulmón de oxígeno en el que uno ve reflejado otros instantes de su vida, generalmente de la infancia o la adolescencia.


Recuerdo a una novia de entonces, una de aquellas novias que, a una cierta edad, uno besa y parece que ya suenen campanas de boda. Imagina que si un beso sabe tan bien, lo demás, sea lo que fuera que fuese, debería ser como alcanzar el paraíso.
Pues bien, recuerdo ir a buscarla a la playa, porque andaba ella a cargo de su hermano pequeño, y verla con muy poca ropa. Por primera y única vez. Me impresionó muchísimo. A ella le daba un poco de vergüenza que el chico que le gustaba, tan vestido, la viera tapada tan sólo con un bañador.
No duró aquello más que un par de semanas más, claro, fue la estrella fugaz que uno magnifica con el paso de los años. El verano siguiente ella ya tenía novio formal y de mi tan sólo debió quedarle un recuerdo borroso. Como a mí, que no es hasta hoy, que el reflejo de una marea me ha devuelto aquellos años.