viernes, 16 de enero de 2009

Diario de viaje (5)

(Miércoles, 24 de diciembre 2008 -II)

La tarde se ha vuelto fría. Las tiendas están cerrando antes de hora para que los dependientes puedan arreglarse para la cena. Yo he salido a pasear por el Muro, algo arriesgado porque a la vera del mar la temperatura es ciertamente baja.
Me sirve para pensar en algunos versos para una canción que me anda rondando estos días. En realidad para todo un disco, me refiero a la idea general, claro. Cada vez que pienso hacer un disco nuevo, tengo que plantearme qué es lo que quiero decir, una idea global y después ir juntando las piezas, como un puzzle, hasta conseguir contar lo que uno quería contar.

En este caso la cosa empezó por el título, pero no será hasta el 2011 por lo menos cuando vea la luz. Antes andamos preparando otra cosa para celebrar estos 20 años de exitosa (¿) carrera musical.
El caso es que paseando, como decía, tengo que parar a tomar algunas notas que me vienen a la cabeza. Pasear suele traer consigo cierto extraño ir y venir de ideas que pueden desembocar en inspiración aunque, puestos a ser sinceros (y un poquito vulgares) podíamos decir que “la inspiración es como la cagalera, viene cuando menos se la espera”.
Es curioso, porque además aún estaba yo con la sensación de que después de “Un león en el Garaje” ya había dicho todo lo que tenía que decir. Los detractores dirán que uno nunca tuvo nada que decir, claro, pero ni siquiera es uno tan importante como para hacerse merecedor de las malas críticas.
El caso es que me quedé muy contento con el León. Fue todo muy sincero, muy real y me llevó casi un año de trabajo intenso. Después me quedé como sin fuerzas, si letras y sin músicas. Deben ser las canciones, sin duda, reflejos de un estado de ánimo, al menos así lo entienden los poetas y los músicos que me tienen robado el corazón.