lunes, 5 de enero de 2009

La noche mágica

La noche mágica. Así llaman a esta noche. Y debe ser porque el mundo es tan gris los 365 días del año que, por lo menos una vez, nos hace falta pensar que por prescripción del calendario hoy toca que pase algo distinto.

La vacuidad de muchos días es lo que hace que un acontecimiento especial nos asombre, nos deje maravillados ante un hecho anómalo en nuestras vidas.
Pero, como eso no sabemos cuándo va a suceder, necesitamos tener esta noche en el calendario. Una noche donde dejamos las ventanas abiertas para que se cuelen los ladrones de sueños y nos dejen una esperanza envuelta en papel de regalo.

Cuando eres un niño son juguetes, cuando eres modelo la paz en el mundo, cuando te vas haciendo mayor “Virgencita que me quede como estoy” y, cuando estás en la tierra de nadie entre los 30 y los 40, se le queda a uno la carta de los Reyes en blanco, porque no sabe si hacer una miscelánea de todo lo anterior o sólo pedir que la carretera sea un poquito más larga todavía.
No es un engaño, no hay que pensar eso. Ya nos engaña bastante nuestro propio alrededor, pero sí que nos chantajean emocionalmente cuando hacen que recordemos aquellos días de infancia en los que la ilusión sólo era un juguete. Hoy la ilusión debería ser un caballo desbocado huyendo de la soledad.