jueves, 19 de febrero de 2009

Desmotorizado

Desde el lunes vuelve uno a ser un peatón por tiempo indefinido. La moto en el taller, en principio por una revisión, parece ser que se quedará allí un mes por lo menos, hasta que lleguen las piezas que, se ve, no están disponibles.

Al principio estas cosas las toma uno con cierto mal humor, porque se ve colgado sin subirse a un motor que lo lleve de acá para allá. Pero después, cuando se empiezan a recorrer las calles del barrio de Gracia viendo los escaparates de la calle Verdi, parando en Taifa para mirar unos libros o preguntando el precio de una bici plegable y salir corriendo cuando le dicen 1.000 euros, reconoce uno que tiene todo ello cierto encanto.

Después de todo esto, cuando me devuelvan la moto arregladita y con el motor nuevo, será el momento de venderla. Es la hora de pasar a una moto más adecuada para la ciudad, porque sé que ya no voy a recorrer las carreteras del mundo.
Así que, de momento, aventuras a pie.