miércoles, 25 de febrero de 2009

Tesoros (2)

Lo mejor de estos libros no son los libros en sí, sino la historia que encierran. Por supuesto sabe uno que no los leerá todos, quizá sólo algunos. De manera puntual, por alguna razón, consultará otros, simplemente.
He dejado sobre la mesa los de poesía porque son esos volúmenes a los que se echa mano en arrebatos de nostalgia, en instantes en los que sólo apetece dejarse caer por un paisaje que empiece y acabe en unos cuantos versos, olvidarse de capítulos y de historias más largas.
Y, decía, que están ahí esperando a ser ordenados, tal vez no se ordenarán nunca y, por ese motivo, parecerán siempre novedades en la biblioteca, siempre dispuestos a ser descubiertos.

Alguien me decía que una casa grande sería un peligro para mí, porque sería la excusa para más libros, más discos, más revistas. Y es cierto, es lo que ha ido pasando. Eso sí, hasta ahora seguía uno con la política de no tener más libros que los que se han leído y comprado para tal fin. Pero ahora, con este hallazgo, esa ley no escrita, valga la redundancia, ha preescrito nunca mejor dicho. Pero uno está contento.