martes, 24 de febrero de 2009

Tesoros

Volvía a casa del estudio. Era sábado por la noche y mi barrio estaba vacío, porque como no hay muchos bares ni restaurantes, la gente busca diversión en otra parte, cosa que agradecemos los que vivimos allí y somos alérgicos a los ruidos.

El caso es que, frente al container, al lado de mi portal, vi a dos ancianos revolviendo afanosamente en tres cajas enormes. No les presté mucha atención en un principio, venía cargado y con ganas de llegar a casa.
Se les veía nerviosos, como si hubieran encontrado un tesoro. Me fijé bien y me di cuenta de que se trataba de tres cajas de libros llenas hasta arriba. Me invadió entonces a mí una inquietud parecida a la de aquellos ancianos. Estaba por unirme a ellos, pero me hice el despistado y subí a casa pensando que me estaba perdiendo algo. ¿De qué libros se trataría? ¿Serían incunables? ¿Novelas de amor? ¿Selecciones de Readers Digests?

Desde el balcón esperé a que los dos hombres eligieran lo que buscaban, si es que buscaban algo. Uno ya se había ido y el otro revolvía con exasperante minuciosidad. Un título de aquí, otro de allá... Después dejaba uno, cogía otro y, finalmente, emprendió el camino cargado con todos los volúmenes que pudo cargar.

Raudo, cogí el ascensor y bajé a la calle. Ahí estaban las cajas, revueltas, con algunos libros por el suelo, abandonados a su suerte después de la criba de los dos hombres. En cuanto me acerqué supe que, efectivamente, aquello era un tesoro. Un rápido vistazo hizo que me diera cuenta de que estaba delante de una colección de ejemplares pertenecientes a alguien que sabía lo que leía. Una selección de lo más granado de la poesía española, desde Machado, hasta Juan Ramón pasando por Bécquer y Salinas. También prosa, Baroja, Azorín, Marsé, García Márquez. Filosofía, novela, historia...

No dudé un momento en arrastrar las cajas hasta el portal antes de que apareciera de nuevo el último tipo en busca de más. Allí ya pude relajarme e ir subiendo las cajas a casa. Saqué los libros uno por uno, conté hasta 223. Algunos no eran interesantes, pero otros son sin duda obras esenciales. Estuve hasta las dos de la mañana revisando aquella magnífica colección.