martes, 10 de marzo de 2009

¡Ay, uy!

Fui a ver a V. Tenía que haber ido hace mucho tiempo, hace tres meses cuando me empezó a doler la espalda y la cabeza. Sabía uno que podía ser una contractura, pero se iba aguantando con esa resignación que da la pereza. Pero, después de quedarme sin moto y obligado a hacer ejercicio, acabé como un contorsionista a la que la falta de entrenamiento le pone en un aprieto durante una actuación, no pudiendo deshacer el nudo que se ha hecho con las piernas ante las risas del respetable.

La cuestión es que volví a ver a V. después de tanto tiempo y me dio la sensación de que no había pasado tanto, después de todo. Me encontró, efectivamente, como un tronco de madera y le costó ponerme algunos músculos en su sitio mientras uno, que se sentía como un Madelman en sus manos, se dejaba hacer con una selección de ¡ay!, ¡uy! y otras muestras de valentía.
Pero hay que reconocer que sus manos son magia y que, después, aunque dolorido, me encontraba mucho mejor. Tengo que volver, claro, esta semana, porque hay mucho que arreglar.
¡Ay!, ¡uy! Parece una canción.