jueves, 26 de marzo de 2009

Brillo

Después del viaje a Gijón había quedado el coche como si hubiera hecho uno algún rally. Polvo, mosquitos suicidas estrellados contra la matricula, parabrisas sorprendido por la incontinencia de las aves...

Así que, como un dominguero cualquiera, me armé con esponja y manguera y me dediqué a sacarle brillo, sin excesos eso sí, al gris plata de la carrocería.
Después daba gusto sentarse uno al volante y que pareciera el automóvil sacado del concesionario. Eso sí, le delatan un par de abollones por culpa de mis amigas las columnas del parking.