miércoles, 11 de marzo de 2009

Los lunes no son tan malos (ni tan buenos).

La ciudad parece haber recuperado el tono. Los lunes por la mañana anda todo el mundo como dormido, incluso algunas tiendas no abren hasta la tarde. Pero ahora, que son algo más de las siete, la calle Verdi está llena de gente. Y es extraño, porque generalmente me gusta pasear sin que haya nadie por las calles. Pero hoy anda uno melancólicamente feliz entre los rostros anónimos que se cruzan, como un catálogo de Ikea, pero de personas. Parece mentira que nadie haya inventado aún algo así. Bueno sí, la policía, pero creo que no es lo mismo.

Por eso decidí parar en este bar, donde todavía no ha empezado a llegar la gente, y tomar cuatro apuntes del natural. Sobre todo porque no debe uno desaprovechar la oportunidad de esgrimir el bolígrafo cuando se le pasa algo por la cabeza, aunque sea sólo esto, un testimonio de que uno ha estado aquí, este día y a esta hora.

La cerveza está demasiado fría para este día gris. Han anunciado la subida de las temperaturas para esta semana, con esa alegría que les da la primavera a algunos. A mi, como sólo me produce una incomoda astenia, no me hace mucha ilusión, la verdad.

Empieza el bar a llenarse de gente. Lo noto sobre todo por que las voces son más estridentes que el sonido del bolígrafo sobre la libreta. Y de esto me he dado cuenta de repente, cuando me he visto en medio de un jaleo tremendo.
Creo que es el momento de pagar e irse con la letra a otra parte.