viernes, 27 de marzo de 2009

Motorizado

Vuelve uno a sentir el motor entre las piernas, el peso de la máquina, el olor de la gasolina. Recién salida del taller, la moto hace ahora un ruido diferente, como si fuera otra, como si me la hubieran cambiado. Y así es. Motor nuevo, limpieza total y un agujero en la cuenta corriente que va a costar de parchear.

Sin embargo, acostumbrado uno a patearse el barrio, decide continuar a pie al menos por las mañanas, cuando el aire aún es fresco y no amenazan los calores que vendrán en verano. Por las tardes, eso sí, por aquello de no pasear recién comido, rugen de nuevo los pistones desde el parking, donde me miran extrañados los vigilantes porque han sido testigos de la ausencia del vehículo sin conocer la causa durante un par de meses. Nadie ha preguntado y yo no me he pronunciado. Ahora las cosas vuelven a ser como antes.

Y parece otra, como decía, y parece nueva. Tuvieron en el taller el detalle de sacarle brillo antes de entregármela e iba uno haciendo el camino como si calzara unos zapatos nuevos. Todavía me acordaba de mantener el equilibrio.