miércoles, 4 de marzo de 2009

Paz y amor

Cuando el camarero del bar me devolvió el cambio, vi que había algo escrito en el billete. Al principio no le di importancia, simplemente pensé en deshacerme de él cuanto antes, no fuera que a alguien le diera por decir que era falso.
No fue hasta un rato después cuando me paré a mirar lo que ponía: “Paz y amor que semos gipis”. Era una broma, claro, pero tenía gracia.
Y uno se pone a pensar entonces en qué momento de una noche de juerga, por ejemplo, se le ocurre a alguien tomarse la molestia de escribir algo en un billete del que se va a separar en cuestión de muy poco tiempo. Me imaginé qué pasaría si esas palabras fueran una declaración de amor que fuera recorriendo el mundo de mano en mano. Inmediatamente pensé que, menos mal que no lo era, cuando me vino a la cabeza el camarero del bar que me había entregado el billete. Glups!