jueves, 12 de marzo de 2009

Peatón

Según la música que vaya escuchando se hace más llevadero el camino de casa a la oficina. “Manel” sonaban esta vez y me invadía una extraña paz. Respiraba uno, relajaba los hombros, andaba lentamente mientras el grupo desgranaba esas historias que sólo puede escribir alguien que domina el lenguaje, canta bien y tiene gusto para los arreglos. Había oído hablar de ellos y, aunque no suelo fiarme de esos nuevos descubrimientos en boca de todos, tengo que reconocer que esta vez sí merece la pena.

Y caminaba lentamente, decía, por las calles peatonales del barrio de Gracia, observando aquí y allá como iba despertando la ciudad. Portales que se abren con personajes somnolientos, bicicletas que no hacen ruido, motos que rompen la paz con los tubos de escape, perros que mueven la cola al encontrarse y se huelen el culo con esa alegría que nunca experimenta el ser humano, un tipo que mira a una niña que pasa con una perversa delectación, ¿será ese violador que iban a soltar estos días?

Huele a pan al pasar por la pastelería, friegan las señoras de la limpieza los portales y tengo que dar un salto para que un caldero de agua sucia no me moje los pies. Alguna ambulancia, los repartidores de periódicos que aprovechan para tomar un café, porque llevan despiertos por lo menos desde las cuatro, los pasos de cebra, los semáforos que parpadean, alguna nube, el reloj.