martes, 24 de marzo de 2009

Visita de médico (4)

Siente uno aversión hacia los hospitales porque es el lugar en el que la muerte se mueve a sus anchas, picando a las puertas de algunas habitaciones o, directamente, entrando sin llamar. Ese es el caso del compañero de habitación de X. al que casi se lo lleva la parca la otra noche. Y es que, como todo el mundo sabe, la muerte se mueve mejor en horario nocturno, que es cuando el silencio le hace de compañero para que se oiga un poco más el frío sonido de su beso.

La familia sufre estas cosas de una manera extraña. El que está en la cama con sus tubos, sus sondas y otros artefactos invasores, se resigna y, en algún momento asume su condición de enfermo, pero el que siente el alivio de no estar en esa misma situación sufre también su propia mezquindad de sano, de afortunado, de saber que va a salir de allí en un rato. Y, también, siente ese miedo de saber que nadie está a salvo de dar con sus huesos en una cama con sábanas blancas y olor a desinfectante en algún momento u otro de su vida.

Por eso X. es un ejemplo a seguir, por el buen humor y la resolución con la que se lo tomó todo desde el principio. Mucho mejor que nosotros.
El caso es que, a pesar de la cicatriz que le cruza la cara, no parece haber pasado por una operación de extrema gravedad y, por lo tanto, es él quien nos tranquiliza a todos.