miércoles, 25 de marzo de 2009

Visita de médico (y 5)

Volver... Siempre es ésta una palabra que evoca emociones enfrentadas. La del que no quiere regresar, porque se acaban las vacaciones, porque deja a los seres queridos hasta otra visita, y la del que ansía el reencuentro con los de siempre, con los amigos, con su casa, sus cosas, su cama...
Madrugo, como es habitual. Al ser un día laborable encuentro algunos atascos a la entrada de Bilbao y el tráfico habitual en los alrededores de Zaragoza. La radio, algún disco, un par de paradas para dar cuenta de unos pasteles que me ha comprado M. para endulzar la carretera, y el mismo paisaje al revés, por la otra ventanilla por la que se dibujaba dos días antes.
Ha sido un viaje relámpago, dos mil kilómetros en tres días y una estancia en la que no hacía falta equipaje salvo esta libreta, el bolígrafo y la cámara de fotos.
Fue una visita de médico.
-Eres el mejor sobrino que tengo, -me dijo X. cuando llamé diciendo que había llegado.
-Qué cabrón - le contesté, soy el único que tienes.
Eso es que ya vuelve a ser el mismo.