viernes, 24 de abril de 2009

La miserable vida de los peces

Qué miserable vida la de los peces,
todo el día con la boca abierta o en la sartén.
Hoy sentí la imperiosa necesidad de ver las olas
como me ocurre de vez en cuando,
consecuencia de haber vivido tantos años en el norte
con el mar a dos pasos de casa.

Pero el mar de la Barceloneta no es el de Melville
con el que uno sueña
sabiendo que jamás se embarcará
en el Pequod en busca de la ballena blanca,
aunque ande como Ismael
con la boca torcida en una mueca amarga
en esos días en que es indispensable disipar la melancolía.

En lugar de eso acude uno al mercado
donde abren la boca entre el hielo unas lubinas
con eterna cara de sorpresa por haber mordido el anzuelo.
Y qué miserable vida la de los peces
que ya sólo nadan en un mar de aceite
con base de cebolla, patatas y un chorrito de vino blanco para olvidar.