lunes, 13 de abril de 2009

Las dos hermanas

Eran dos hermanas. Vivían en una casa en la zona alta de Barcelona, lo que allí llaman una torre y en otros lugares un chalet.
Sus padres tenían dinero, eso saltaba a la vista. Una de ellas era la novia del cantante de mi grupo de entonces, la otra simplemente pasaba por allí de vez en cuando y nos saludaba con cierta suficiencia, ya que la mayor nos dejaba una habitación para ensayar y a ella no parecía gustarle tener unos intrusos en casa haciendo ruido.

Por aquel entonces tocábamos poco, un concierto cada dos meses y poca cosa más. Era como ser invitados en una casa de película. De hecho, no hubiera sido extraño que la casa se hubiese alquilado para rodar algún film, pero nunca supe si eso sucedió o me lo inventé sugestionado por las columnas antiguas del salón. En primavera, el jardín que rodeaba al edificio le daba un aire de casa colonial, todo luz, todo color. Como un escenario para una novela de García Márquez, por ejemplo

El caso es que nuestros ensayos se trasladaron a un local en el Pueblo Nuevo y, salvo el cantante, que iba a ver a su novia, no volvimos a pisar aquel lugar ni ver a las dos hermanas.

El otro día, sin embargo, pasé accidentalmente por la calle donde estaba y sigue estando la casa. Alrededor ya había varios edificios nuevos. Parecía la fachada pintada recientemente y el jardín seguía tan cuidado como en aquellos días. No vi a nadie. Ignoro si ellos siguen viviendo allí, ni si aquel cantante, que dejó de ser cantante, llegaría a formar una familia con una de ellas, ni si la otra me seguiría saludando con la indolencia de quien se cruza con alguien que no tiene ninguna importancia en su vida.

Aunque me detuve unos segundo, seguí mi camino pensando que el pasado viene a ser como una de esas casa pareadas a las que les van construyendo edificios alrededor. Primero es un único recuerdo y, después, una ciudad llena de ellos que se confunden entrelazándose con el presente.