lunes, 27 de abril de 2009

Lengua de trapo

La carretera es una interminable lengua de trapo que va a ninguna parte. Es sábado por la noche y vuelvo a casa. La radio del coche no funciona bien pero aún así intento sintonizar alguna emisora. Es entonces cuando suena aquella vieja canción de los años 80, una a la que nunca había prestado mucha atención y en la que descubro, de repente, una vida pasada que es la mía.

Conducir me relaja. Pienso en ti, como lo he hecho a lo largo de todos estos días. Alguien ha dejado un ramo de flores en el arcén, donde una vez la vida se estrelló violentamente contra el asfalto. Ahora, que aún estamos vivos, perdemos el tiempo separados aunque sean sólo unos instantes.

El portamaletas se llena de melancolía que desfila ante mí a 120 kilómetros por hora. No es muy tarde, pero ya es de noche. Se acabaron los días oscuros del invierno. La radio cada vez se oye peor, así que dejo que sea el motor la única melodía de mis pensamientos. Salgo de la autopista y enfilo la nacional C31. Bajo la ventanilla y me llega el olor a sal del mar que me observa desde el otro lado de la vía del tren. Baja un punto el indicador de la gasolina. ¡Ah, viejo amigo! Así que la soledad era esto.