martes, 21 de abril de 2009

Memoria selectiva

El otro día en el periódico leía con sorpresa que unos investigadores americanos habían descubierto la posibilidad de aislar la molécula que activa o desactiva la memoria. Eso daba la posibilidad de hacer una selección de recuerdos y eliminar los que nos hacen daño o los que, por ejemplo, nos convierten en adictos a alguna sustancia.
Sonaba como el argumento de un film de ciencia ficción. Qué sería de nosotros si nos borraran el disco duro, aunque fuera sólo esa parte que nos hace sufrir, que nos hace tener esos días oscuros y melancólicos.

No hay duda de que somos lo que hemos vivido, una recopilación de datos que nos han hecho crecer, que nos han hecho tener un carácter u otro. Claro, siempre están después esas vidas llenas de sufrimiento, de dolor, de recuerdos que uno quisiera olvidar.

Por suerte, aunque la investigación, según ponía el artículo, estaba bastante avanzada, parece que no lo suficiente como para alarmar a esos sectores religiosos que se empeñan en cuidarnos como si fuéramos un poquito imbéciles. Se ve que a ellos esto de la memoria no debe afectarles mucho, porque la colección de barbaridades del pasado permanece en el más discreto de los olvidos sin necesidad, eso sí, de ninguna molécula.