miércoles, 1 de abril de 2009

A su tiempo

Tuve que pararme a hacer una foto del paisaje.
Así, recién levantado, parecía aquello una escena de “Quo Vadis” cuando el ejército angélico aparecía surcando los cielos para traer las noticias del Señor. Por supuesto, tan sólo volaban los helicópteros de tráfico controlando los atascos de primera hora de la mañana. Hacía frío y el sol luchaba por dejarse ver entre una capa de nubes que parecían una inmensa pared.

Y estas cosas duran sólo un instante. luego se desvanecen y uno ya no se acuerda, cuando sale de la ducha, de estos bíblicos escenarios sino fuera porque ha hecho una fotografía.

Cuestionarnos el tiempo, la medida, es una de esas cosas que el ser humano hace con exasperante frecuencia. Algunos pierden la cabeza intentando explicarse cómo se mueven las agujas en los relojes cuadrados y, muchas veces, el tiempo es una excusa para dejar pasar el tiempo, valga la redundancia.

Es como ese objeto que se tira al mar y va cayendo poco a poco. Esa distancia es el tiempo. A veces se detiene cuando llega al fondo, pero la relatividad de las cosas hace que otro objeto tome el relevo y el tiempo sigua avanzando sin detenerse. Como decía la niña de “El Exorcista” cuando el Padre Carras le pedía que repitiera aquello de abrir un cajón a distancia: “A su tiempo”. Eso y un escupitajo verde. Criaturita...