miércoles, 29 de abril de 2009

Voy, vengo, me entretengo (2)

Recorre uno las calles de la ciudad y se para en el café de siempre, cuyos camareros aprovechando la primavera, ya han colocado las terrazas del Café Dindurra que ocupan medio Paseo de Begoña.
Visito varias inmobiliarias para intentar vender un piso de la familia. Bien situado en el centro de la ciudad, aunque sin ascensor, lleva ya tiempo cerrado y, pese a la crisis, es ahora cuando la familia ha decidido ponerle el cartel de “Se vende”.

Así que ha venido uno a ponerse manos a la obra con dicho menester, aunque sea una tarea imposible en boca de todo aquel consultado ante el posible éxito de la empresa.
Sólo dos días de estancia (y dos de viaje) en los que visito siete agencias inmobiliarias de las que dos se muestran interesadas, tres aceptan tenerlo en su cartera de posibles ventas, uno está cerrando y en el último me atiende una señora ciertamente desagradable que me viene ha decir si estoy loco o qué.

El poco tiempo restante lo empleo en la visita obligada a algún conocido, en realidad una rápida cena con M., y la adquisición de algún disco, poca cosa la verdad, en las tiendas de ocasión que siguen, para mi tranquilidad, en el lugar de siempre.