martes, 5 de mayo de 2009

Altos vuelos

Estaba viendo la tele, después leyendo y, más tarde, me senté a intentar escribir algo. No me di cuenta hasta pasado un rato largo de que había estado oyendo a unos pájaros toda la tarde.
Y era muy curioso porque no está uno precisamente en las afueras, ni con ningún campo cercano. Sí, claro, el parque, pero ahora que ya se han ocupado de plantarme dos edificios monstruosos delante, no pueden apreciarse ni siquiera la copa de un tímido árbol donde puedan aterrizar las aves de paso.
Me fijé bien y los vi. Deben ser una pareja. Pájaros negros. No como aquellos que sacaba Hitchcock en su inquietante película, sino más pequeños, más amables, al menos en apariencia.
Quiso uno pensar que eran un matrimonio alado reclamándose, buscándose, y que habían encontrado en las antenas ese nido de amor necesario para un corazón de altos vuelos.
Así que nada de escribir, pensé. Me quedé mirándolos revolotear de allá para acá, con las gafas de sol para no perderme detalle. Y así pasó la tarde.