lunes, 4 de mayo de 2009

Voy, vengo, me entretengo (y 4)

Me dio por contar las líneas de la autopista. Ahora continuas, ahora discontinuas, para evitar caer en el sopor de la fotografía ya conocida del regreso.

Vuelvo a parar en los sitios de siempre. Querría sentirme como un personaje de “En el camino” pero sólo logro parecer un viajante de comercio, uno de esos que llevan el maletero lleno de zapatos. Todo se vuelve un poquito gris entonces.

La carretera tiene algo. No sabría muy bien definir lo que es, sobre todo cuando eres el único vehículo que circula durante mucho tiempo. Como un Mad Max de baratija que ni siquiera puede pelearse con un Baba Zanetti cualquiera o con un Humungus del páramo que ande por ahí en ese momento.

Entra uno en la ciudad como si se hubiera ido hace mucho tiempo, pero no es cierto. Sigue todo donde estaba cuando lo dejó, incluso el tiempo sigue viviendo en el mismo reloj. El reloj de lo habitual.