sábado, 30 de mayo de 2009

Música para el sábado

Bob Dylan “Shelter From The Storm”



Siempre Dylan, siempre “Blood On The Tracks”…

viernes, 29 de mayo de 2009

Radio - Labanda

Labanda fueron un grupo de folk muy interesante que publicaron su primer disco en 1980, después de forjarse tocando en directo en el metro de Madrid, concretamente en la estación de Alonso Martínez. Una mezcla de rock e instrumentos tradicionales que fue orientándose hacia el heavy y cuya carrera alcanzó su cenit con “Rural Tour” un magnífico doble Lp en directo, resultado de años de trabajo y dedicación.
Leo Vignola, que en un principio se ocupaba del sonido en las actuaciones del grupo, fue su guitarrista y principal valedor a raíz de su entrada como músico. Desde entonces ha llevado las riendas de Labanda.
Aunque actualmente están en stand by y Leo se dedica a otra de sus pasiones, el blues con la banda Siempre Blues, esta semana recordaremos aquel segundo álbum, el indispensable “Fiesta Campestre (Rockmería)” todo un tratado musical para oídos selectos.

“A 33 Revoluciones” es una sección del programa “L’altra cara de la lluna” de COM Radio. Se emite cada quince días, la madrugada del viernes al sábado a las 2 de la madrugada. También puedes escucharlo en directo y bajártelo de Internet aquí.

jueves, 28 de mayo de 2009

De bolo con Gary Moore (3)

Como nuestra actuación ha terminado sólo queda recoger. El que quiera puede quedarse y el que no cargar el coche e irse. Desaparece todo el mundo pero yo me resisto a irme sin ver subir al escenario a Gary Moore. Imposible. Su manager dice que no puede haber nadie en los accesos salvo el propio personal de la gira. Me aparto un poco, justo detrás de una columna y veo como sube, con un injustificado retraso, se cuelga la guitarra y empieza a sonar de una manera brutal.
Discretamente, con mi maletín de herramientas y a oscuras, subo al escenario, sólo un poco. Lo suficiente para verlo tocar a escasos cinco metros. Y ahora sí que puedo decir que impresiona de verdad. Verle las manos a endiablada velocidad por el mástil es un espectáculo que no se me va a olvidar en bastante tiempo.
Lleva tres canciones cuando me doy cuenta de que su técnico de guitarras me ha visto, también el técnico de monitores. No me han dicho nada, pero entiendo que es el momento de salir discretamente antes de que alguien se enfade. Una hora de concierto lo veo desde el lado derecho del foso. Después, aunque el plan era irme temprano, no puedo evitar sentarme en una de las sillas del público y ver el resto del concierto.
Me voy antes de que suenen las últimas notas de “Parisienne Walkways” para evitar las muchedumbres. Me encuentro a Miguel de Tube Sound, que es quien me ha pasado este curro y compartimos la impresión favorable de la actuación del irlandés.

Realmente no ha sido un concierto de blues, ha sido un concierto de Gary Moore. Una base de blues, puede ser, pero los solos, el sonido de la guitarra y los fraseos pertenecían a sus discos metálicos de los ochenta, reducto, digámoslo de una vez, que nunca debiera haber abandonado.
La crítica que le hacen los medios siempre es la misma, que por más que se empeñe en ser un hombre del blues, no podrá sonar nunca como tal.
Yo, pese a todo lo que digan, a su mala uva, que se ve que la tiene y mucha, disfruté como un niño viendo a una de mis leyendas de la adolescencia, ahí, a escasa distancia.

miércoles, 27 de mayo de 2009

De bolo con Gary Moore (2)

El caso es que probamos sonido y me entero de que Moore no ha probado antes que nosotros, como estaba previsto en el planning. Hay que volver a desmontar todo y desalojar la sala porque, cuando él llegue, no puede haber nadie en la sala. Y estamos hablando de un recinto de tres mil personas, no de un club. Llega el artista y salen hasta los encargados del bar.
Nosotros estamos en los camerinos. La banda de Amadeu son gente que ya conocía, porque habíamos compartido escenario en Luz de Gas, cuando Hotel Cochambre estuvimos allí un año. Caspar St. Charles en la batería, Santi Ursul en el bajo y Freddy Worth, a los teclados, con el que además iba uno al instituto.

Oímos la prueba de Gary Moore a través de la puerta cerrada que da acceso al recinto. Impresionantes solos que poco tienen que ver con el blues, la verdad. La etapa heavy le pesa, porque aunque él quiera no es un bluesman.
El caso es que me doy una vuelta por los alrededores. Aunque no podemos acercarnos al escenario me entretengo viendo por dentro el Sant Jordi y de pronto me encuentro con Moore, que ya ha acabado su prueba y se mete el camerino. Me impresiona porque es un rostro que uno ha visto tantas veces en fotografías, en portadas de discos, que lo había asumido como eso, un rostro que finamente no se sabe si existe de verdad o no.
Gary desaparece detrás de una puerta y supone uno que no lo volveremos a ver hasta la hora del concierto.

Las nueve menos cuarto es la hora de la actuación de Amadeu. Somos puntuales. Todo va bien, cambio de guitarra en el cuarto tema y, de pronto, en medio de un solo, la correa se suelta y Amadeu aguanta la guitarra como puede. Salgo corriendo y se la vuelvo a sujetar sin que deje de tocar. Al público le encantan estas cosas y le aplauden más si cabe.
De pronto me doy cuenta de que a unos metros, en la escalera que da acceso al escenario, hay una figura familiar. Efectivamente es Gary Moore. Está siguiendo la actuación y ahí seguirá hasta casi al final. Ya se ha cambiado de ropa para salir a tocar y entretiene sus nervios, presumo, viendo la evolución de Amadeu y la banda.
La actuación es tan corta que apenas da tiempo a entrar en calor, pero ahí queda eso. La sala está prácticamente llena, unas tres mil personas que han oído una muestra del buen hacer de los músicos.
La entrada de los camerinos se ha cambiado para que no pasemos por delante del de Moore que, cuando subíamos al escenario, había colgado un “dejadme en paz” en la puerta. Empiezo a pensar que es un tipo raro de verdad.

martes, 26 de mayo de 2009

De bolo con Gary Moore (1)

Pues como adelantaba ayer, el miércoles pasado y por sorpresa me surgió la posibilidad de trabajar en el concierto de Gary Moore en la sala anexa del Palau Sant Jordi. Se trataba de hacer de roadie de Amadeu Casas, que era el telonero del de Belfast. Casas es un guitarrista excelente y de una humildad tal que es imposible predecir los impresionantes fraseos y el sonido que sale de su amplificador. Ya lo quisiera uno para sus discos.
El roadie o backliner es el que se encarga de los instrumentos. La propuesta era que me encargara de las guitarras de Amadeu. Acepté sin pensármelo dos veces. Había estado pensando en ir al concierto, pero el precio de estos acontecimientos es cada vez más alto para los tiempos de crisis, así que lo había descartado. Y ahora, de pronto, me veía no sólo en el concierto sino encima del escenario.

La prueba es a las seis de la tarde, así que allí me presento con mi maletín de “doctor guitarra”. Afinadores diversos, cuerdas de recambio, un par de linternas (esto es lo más útil siempre), púas, slides, herramientas, un kit de limpieza... y, en fin, todo lo necesario para solventar cualquier incidente sobre las tablas.
En “Contact”, aquella película protagonizada por Jodie Foster, cuando ella está a punto de subirse al módulo espacial, uno de sus jefes le da una pastilla para que, en caso de accidente o de que quede perdida en el espacio pueda optar por una muerte sin sufrimiento. Ella se enfada y le dice que no ha llegado hasta ese punto para después suicidarse. La respuesta del jefe es que puede decirle mil razones por las que tuviera que tomar esa pastilla, pero la razón principal de llevarla son las miles que no puede imaginar. Pues eso precisamente es lo que ocurre en un bolo. A uno no le preocupa lo que ya está previsto dentro de los accidentes del directo, sino los que nunca le han sucedido. Así que hay que estar siempre alerta.
Monto mi parada en el lado derecho del escenario. En el lado izquierdo están las guitarras de Gary Moore, ya puestas y afinadas por su técnico. Una colección de seis Gibsons Les Paul, una Explorer y dos telecasters, una de las cuales no parece una Fender, y que no utilizaría después en el concierto. La parada del técnico es impresionante. Parece una tienda de instrumentos con todo lo necesario para resolver incluso una catástrofe nuclear.
No hago fotografías porque anda su equipo mirando de aquí para allá y la verdad es que imponen un poco. La pedalera de Moore aunque con bastantes pedales no lleva nada especial, todos son normales, de serie, algunos bastante asequibles y nada exquisitos. Tres Marshalls son los amplificadores. Dos son antiguos, el tercero es un JCM 2000 de la nueva hornada. Detrás una reverb, Marshall también, y un par de cabezales de repuesto. Lo dicho, hay que prevenir...

lunes, 25 de mayo de 2009

Amadeu Casas y Gary Moore



Semanita de estrellas. Si el viernes entrevistaba a Ligabue, el jueves me llamaron por sorpresa para trabajar con Amadeu Casas, impresionante guitarrista que tocaba de telonero de Gary Moore en el Palau Sant Jordi.
Así que allí me fui con mis aperos de afinar guitarras a ver al señor Moore. Espectacular el de Belfast, pero eso lo contaré con detalle mañana, que no todos los días pisa uno el escenario con dos monstruos de las seis cuerdas como estos.

domingo, 24 de mayo de 2009

Cuadernos 2



Auténticas obras de arte de bolsillo…