jueves, 7 de octubre de 2010

Fauna urbana (3)

El payaso se cree un tipo simpático. Hace juegos malabares y persigue a la gente que pasa alrededor. No es raro entonces que se forme un corrillo de gente que lo mira con curiosidad. A algunos les hace mucha gracia que se meta con la mujer que pasa con la compra, con el ejecutivo que va con su maletín o con un anciano que cruza la plaza. Otros piensan que es un cretino. Yo me cuento entre los segundos.

La otra tarde le quitó el móvil a una chica que iba hablando. Le dijo a la persona que estaba al otro lado de la línea algo así como “déjala tranquila, que ahora está conmigo”. Uno pensó que sólo con que el novio de la chica, por ejemplo, fuera un celoso compulsivo, podría meterla en un lío con aquella tontería.
Después de esta agresión a la intimidad, se quedó tan ancho y volvió a sus chistes. Pero la chica se le encaró y le preguntó a gritos si era imbécil. El payasete optó por una retirada discreta levantando el sombrero y haciendo una reverencia poniendo pies en polvorosa.

Luego me dije que la pregunta de la chica había sido una tontería. Por supuesto que es un imbécil.