miércoles, 20 de octubre de 2010

No ver, no hablar, no oír

El tipo entró en la pastelería donde compro el desayuno cada mañana. Era ciego y lo acompañaba su perro guía. Uno de esos animales que causa simpatía y tristeza al mismo tiempo.
Yo estaba en el mostrador esperando para pagar y veía como se acercaba. Cuando estábamos a punto de chocar, le avisé de mi presencia.
-Perdón –es que soy ciego ¿sabe?
Hombre, visto el perro, las gafas oscuras y el bastón, sobraba cualquier aclaración al respecto. Pero uno guardó silencio.
Para liberar tensiones le comenté que su perro era muy bonito.
-Es que un perro guía – dijo con un tono molesto.
-Vaya –pensé- uno sólo pretendía ser amable, pero estaba visto que el hecho de ser ciego no le eximía de ser antipático. Pero lo peor fue cuando comenzó a hablar de los huelguistas (sucedió esto el día de la huelga general) diciendo que había que fusilarlos a todos, meterlos en la cárcel, someterlos a las más humillantes torturas...

Decidí pagar lo antes posible e irme de la tienda.
Al volver la vista atrás me fijé en la mirada triste del perro. A veces los animales no andan a cuatro patas.