miércoles, 13 de octubre de 2010

Pégate a mi...

No puede hablar uno bien de todo el mundo siempre. Lo intenta, pero no puede.
Cada mañana suelo coincidir antes de entrar en la autopista con una idiota que se me pega al coche a escasos centímetros. Acelera, frena, como queriendo adelantar y, en fin, apurándome.

Por el retrovisor parece una chica normal, con gafas, hasta pudiera ser atractiva. Lástima que adopte ese macarrismo de chulo de discoteca con el coche.
Un día de estos he pensado en frenar, que me dé y pague los cuatro rayones que uno tiene en la carrocería. Pero no. Sólo por no pararme a las seis de la mañana a hacer el papeleo de los seguros…

Hoy hemos vuelto a coincidir, sólo que esta vez yo iba detrás. En el semáforo dejé que acelerara y se perdiera casi derrapando por la carretera. Seguramente llegará a la autopista dos minutos antes que yo.