martes, 9 de noviembre de 2010

Bienvenido Mr. Papa

Me quedé como hipnotizado viendo las imágenes del Papa en Barcelona. Retransmitido desde las ocho de la mañana por TV3, el despliegue técnico era sencillamente apabullante.
Nunca la Sagrada Familia se había vestido de gala como en esos momentos. La verdad es que, mirado con los ojos de acontecimiento histórico, no tenía desperdicio.
Ahora bien, otra cosa es lo que significa, el personaje, el lujo con el que se rodea a una figura, cabeza visible de una religión, que predica la humildad como sello distintivo.
Un policía cada cinco metros, seguridad personal, retiro de todo el mobiliario urbano que pudiera contener un explosivo (papeleras, containers...) y calles cortadas en la ciudad desde el jueves pasado. Se colaron además en la prensa el menú del Santo Pontífice, los aviones Phantom que escoltaban a su avión privado, etc, etc.

Cuando la religión, la política o las creencias, dejan de estar cerca propio pueblo, pierden toda razón de ser. Cuánto se alejan entonces los mandatarios de sus fieles. Daba cierta lástima ver a la gente durmiendo en la calle para ver, durante dos segundos, pasar el Papamóvil con un anciano dentro con la mirada perdida. Recordaba a aquella escena de “Bienvenido Mr. Marshall”. El desencanto también forma parte de la Fe porque sirve después para la resignación y la aceptación de lo que en otro momento sería inaceptable.

El Papa ya ha vuelto al Vaticano, la Sagrada Familia ahora convertida en Basílica, sigue luchando contra el derrumbe cuando los túneles del tren pasen por debajo. Los ciudadanos se quedan, como siempre, sufriendo en silencio las molestias de la visita. Eso no hay Hemoal político que lo solucione.