lunes, 30 de mayo de 2011

¡No!

Cuando escribo estas líneas es un sábado por la mañana. No se sabe si la la Plaça Catalunya -y todas las plazas del país donde hay una congregación ciudadana-, habrá saltado por los aires, si la policía habrá entrado de nuevo a golpes para desalojar a los peligrosos ancianos, mujeres, niños y gente normal que se han sumado a este intento de decir NO.

Y es que cada vez hay un abismo más grande entre los que viven y los que gobiernan. Sólo hay que escuchar la radio, esas dañinas opiniones de los contertulios. Es paradigmático que todas las tertulias, y los programas a las que pertenecen, presuman siempre de tener una neutralidad y una visión global de las cosas sin caer en partidismos. Falso.

En cuestiones de economía se unen los bancos, realizan fusiones en que se mueven millones de euros, que tienen porque les hemos confiados nuestros ahorros. Hacen y deshacen a su antojo pensando que al ciudadano de a pie lo tienen atado y bien atado con hipotecas y embargos. Hasta que de repente salen 10.000 personas a la calle y se les ve un poquito el plumero. Sólo un poquito. En realidad sus inversiones, sus propiedades, sus negocios, nunca están en peligro. Pero la gente les molesta, porque qué sabe la gente de estas cosas. Eso es lo que quisieran: “Dejen ustedes que les gobiernen quienes saben hacerlo y no molesten”.

La izquierda y la derecha han desaparecido. Ese tan cacareado centro suena a cobardía. Como si la izquierda tuviera miedo de que los bancos no les apoyaran por practicar una política de izquierdas –que en realidad nunca aplican- y los de derechas por, como decía en aquella viñeta Chumi Chumez, “Yo soy de derechas, pero no lo digo por temor a que me acusen de ser de derechas”.

La gente sólo existe en campaña electoral. La gente es sólo gente, una masa informe a la que hay que decir lo que tiene que hacer para que no se desmadre. Pero la gente no es estúpida como al poder le gustaría, y les ha dado una lección. Una protesta ejemplar, cívica y que pone en evidencia las carencias de un sistema que hace aguas por todas partes. La política debe estar más en la calle y menos en ese mandamiento volátil y anónimo.