viernes, 3 de junio de 2011

En busca de la canción perfecta (9)

"Fatigué" de Renaud (1985)

En 1985, en una tienda de discos de las Galerías Tuset de Barcelona, que había sido la cuna de aquella Gouche Divine tan popular, sobresaliente en escritores, pintores, periodistas y artistas en general, me encontré este disco de Renaud.
Por casualidad lo había visto en un programa de televisión el día anterior y se me había ocurrido grabarlo en vídeo. Andaba buscando uno nuevas emociones, porque no hay nada más emocionante que encontrar un disco que te haga soñar cuando creías que ya lo habías escuchado todo.
El disco costaba 1.060 pesetas –todavía está marcado- y el vendedor de la tienda me preguntó que quién era este tipo, que un cliente francés se había llevado una de las dos únicas copias con gran algarabía. Yo le contesté que no sabía muy bien quién era, pero que la canción que había escuchado de él en la tele, “Miss Maggie” interpretada en el Olympia de París y con el público en éxtasis, me había cautivado.

Escuché el disco una y otra vez desde que lo tuve en mis manos. Día tras día, noche tras noche. Intentando descifrar las letras que no entendía y alucinanado con la camiseta de Bruce Springsteen que Reanud lucía en las fotos de la carpeta. Y la canción que cerraba el álbum “Fatigué” se convirtió en mi himno particular, una manera de acabar un disco perfecto.
En la canción, de corte ecologista, Renaud se declaraba agotado de ver como el hombre exterminaba a los lobos, mataba a las ballenas, cortaba todos los árboles, destruía todo su entorno en pro de una falso progreso. Pudiera parecer un texto algo inocente, pero ahí estaba la gracia de este poeta inconmensurable, que conseguía un texto duro, acerado, sangrante: “Jamás una estatua será tan grande / para sobrepasar la cima del olivo más pequeño / y el corazón de los árboles es más dulce / que el de los hombres que los han plantado.”

Después ya vinieron discos enormes como “Putain de camion” y la versión en directo de los dos discos en “Visage Pâle recontrer public”. Uno no podía pedir más. Durante mucho tiempo fue mi ídolo absoluto, el espejo en el que mirar para escribir canciones, para tener una actitud ante las cosas.
“A la Belle de mai”, “Marchand de cailloux”, explorando el folk irlandés, “Cante el nord” donde recuperaba cantos mineros después de protagonizar la película “Germinal”, “Renaud cante Brassens” homenajeando a su maestro, “Boucan d’enfer” el disco de recuperación después de una etapa oscura de alcoholismo o el último “Rouge Sang” que sigue manteniendo el listón tan alto como siempre.

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