lunes, 13 de junio de 2011

¿Será la próxima?

Entrar en el estudio es entrar en el túnel del tiempo. Hasta hace poco tiempo no había relojes, ni siquiera el del ordenador estaba en hora. No había cobertura para el móvil y la señal del inalámbrico se perdía al bajar al sótano.
Sin embargo ahora he tenido que poner cotas a las horas interminables de grabación. Principalmente por la salud de uno, que corre el riesgo de convertirse en un topo que vive bajo tierra y, segundo, porque es necesario salir, ver que todavía existe la claridad, la luz del día, fuera de la pantalla del ordenador.

Me está costando concentrarme estos días, es verdad, pero también es cierto que, no hay creación sin un poquito de exigencia. Ya lo he dicho aquí muchas veces. El esfuerzo con que uno termina una canción no significa que ésta vaya a ser buena. Cuando uno se da cuenta de esto, primero le asalta una sensación de haber perdido una batalla. Después viene el sentimiento de revancha, de que no puede ser y vuelve a empuñar la guitarra o el bolígrafo para ponerse de nuevo a planear un estrategia que dé con una canción.

Todo esto que cuento, día tras día, semana tras semana, es probablemente mentira. Nadie sabe cómo se escribe una canción ni cuándo la va a escribir. Pero así va uno haciendo tiempo hasta la próxima.