jueves, 23 de junio de 2011

Trenes


Me compré un tren eléctrico y un montón de cosas para hacer la maqueta. M. me hizo unas luces para poder iluminar algunos paisajes y monté en el sótano un decorado enorme. Por lo menos el esqueleto. El tren llegó a pasear por aquellas vías, pero nunca encontró uno el momento de meterse allí abajo a ver pasar las horas fabricando montañas y edificios. Además, cosa importante, descubrió que no tenía la pericia para hacerlo igual a la que tenían los señores que salían en las revistas exhibiendo el minucioso realismo de sus maquetas.

Después vino el enésimo traslado y hubo que desmontar todo aquello. Ahora el tren descansa en una caja de plástico. Me prometí a mi mismo que era una cosa que tendría que hacer. Algo similar a esos discos y libros a los que no les he quitado aún el precinto para que sean el entretenimiento en la jubilación.

Hoy le estuve echando un vistazo a una de aquellas revistas en la que se explica con todo detalle el proceso de realización de la maqueta Wunderland que está en Hamburgo. Y uno se imagina con esa maqueta que lleva años montándose – aunque ya ocupa un enorme pabellón- en el salón de su casa para su uso y disfrute. Después, claro, acude uno a la tienda de maquetas y un árbol le cuesta 10 euros…