lunes, 11 de julio de 2011

Anónimos al cuadrado

Una vez me llamó un tipo de parte de alguien a quien yo no conocía. Me mostré muy sorprendido por aquella llamada y, sobre todo, porque no entendía de qué manera aquel sujeto había llegado a dar conmigo.
Me preguntó, finalmente –como diciendo, qué más da cómo haya conseguido tu teléfono, vamos al grano- si yo tenía un estudio. Cuando le dije que sí, me dijo que ese mismo anónimo le había dicho que uno era muy barato y que él necesitaba grabar una maqueta ya mismo.
Así que no pude contestarle otra cosa: que no tenía suficiente dinero para pagarme, faltaría más.
Resulta que alguien que no conocía, de parte de otro alguien desconocido, ha decidido que mi esfuerzo, mi tiempo, las máquinas en las que se ha gastado uno la pasta desde hace años, no merecen el mínimo respeto.
Lástima no haber sabido, después de todo, quién le pasó mi teléfono.