lunes, 25 de julio de 2011

En lo más alto

Me emociono con el relato de Q. y su intento de subida al Mont Blanc. Era un sueño que él tenía en la recamara y, aunque los sueños se quedan muchas veces en eso, ha tenido la fortaleza de convertirlo en realidad.
Y me impresiona ver el esfuerzo, la emoción que transmite todo el relato que ha escrito.  Me demuestra algo que, por otro lado, ya sabía, que Q. es una de esas personas a las que uno quisiera tener siempre cerca.

En su relato están todas las fotos, todas las anécdotas, todas esas sensaciones que uno sólo puede imaginar porque en el momento de vivirlas son experiencias que te cambian para siempre.
Aparte de admiración, sólo puede uno sentir alegría. Alegría por un amigo, alegría por su familia, -sobre todo al leer la dedicatoria que le hace a I.- y alegría al saber que la amistad no es huérfana y que gente de la que hace un par de años no sabía uno nada, son tan importantes ahora en la vida.

Sobre la mesa, encima del bafle del equipo de sonido, hay un pequeño león de juguete. Me lo trajo Q. en un concierto en el que se presentó por sorpresa. Y no sólo es que me acompañe siempre en los conciertos, sino que está ahí, mirándome, para que no me olvide de una cosa muy importante: que hay una manera de vivir cumpliendo sueños por muchas tormentas que no nos dejen ver la cima. Y uno entonces sólo puede decir: gracias