lunes, 19 de septiembre de 2011

Aprendizaje

Los alumnos del colegio de al lado tienen hoy el primer día de colegio. Llegan con caras largas, como si la calle fuera más empinada aún de lo que es, como si los pies pesaran como dos yunques. Una madre acompaña a su hija con el coche y le dice “¡arriba ese ánimo, que el mundo no se acaba!”. Y uno, teniendo que estar en la UCI dentro de un par de horas, sabe que el mundo no se acaba ahí, efectivamente.

A veces, una pequeña broma sin importancia tiene un peso enorme según el momento que uno viva. Y a mi me daban ganas de explicarle a aquella mocosa que vendrá un día en que madrugar para ir a clase le parecerá una delicia. Pero para qué voy a decírselo yo, si la vida se lo va a enseñar de todas formas.