viernes, 16 de septiembre de 2011

La puerta

Entré en el lavabo del hospital, al lado de la UCI. Cuando quise salir me di cuenta de que no había manilla en la puerta. Me entró de nuevo el miedo a protagonizar un incidente tonto en medio de esta situación tan complicada. Al final pude meter un pie por debajo, empujar hacía mí y lograr una rendija por la que poder meter la mano y abrir la puerta.

Quise lavarme las manos, pero no había jabón. El esqueleto de lo que antes era un expendedor de gel permanecía allí en la pared, un objeto inerte como una broma de mal gusto estando en la parte del hospital donde los enfermos, generalmente, están inmóviles.

Cómo es posible, me preguntaba, que no cuiden esos detalles sabiendo que los familiares que allí estamos, sufrimos ya de por sí, no hace falta que nos pongan más dificultades, más problemas. La máquina de refrescos no funciona, la sala de espera es oscura, sin ventanas, y hay escasas sillas para sentarse. Alguien debería tomar nota.