martes, 6 de septiembre de 2011

Un buen día

Tiendas, tiendas y más tiendas. Dicen que Perpignan es un supermercado, y tienen razón. Pasear por las calles estrechas, llenas de comercios de todo tipo, hace que acabes un poco saturado de tanta opción de poder gastar dinero.
Esta vez, además, se celebraba el festival Photoreportage Amateur, una especie de recorrido por un periodismo incipiente, ya se sabe, los amateurs de hoy serán los profesionales de mañana. La exposición se extendía por un buen número de escaparates y lugares diversos. Simplemente había que seguir unos números en un plano de la ciudad para ir viendo la exposición.
Pero nosotros obviamos un poco todo el asunto, parándonos sólo de vez en cuando si una foto nos sorprendía de repente en nuestro itinerario sin rumbo.

Parece mentira que a tan pocos kilómetros de donde vivimos, uno pueda comprarse los disco de Francis Cabrel, de Renaud o de Johnny Hallyday por docenas y en España esos artistas sean unos perfectos desconocidos. Así que, claro está, volví con tres o cuatro bolsas llenas de libros, vinilos y cds y un poco de oxígeno por haber salido de casa.
Después de un verano en el que las vacaciones han brillado por su ausencia, salir fuera un día y cambiar de país –aunque sea con los pies uno a cada lado de la frontera- parece algo más que una pequeña escapada.

Comimos en una terraza, viendo como los turistas ingleses se hartaban de mejillones con patatas fritas, esa mezcla imposible. Entramos en las tiendas, compramos alguna cosa decorativa para casa y disfrutamos de un helado en las Galerías Lafayette, además de resguardarnos allí de una tormenta repentina. Encontramos una tienda de discos y libros de segundo mano y la tarjeta de crédito empezó a echar humo aterrorizada. Tomamos un capuccino en un Bistrot, después de conseguir en el FNAC una versión francesa de “Tiburón” que aún no figuraba en las vitrinas, y cenamos un falafel ya en casa a resguardo de la lluvia. Fue, lo que se dice, un buen día.