lunes, 31 de octubre de 2011

Fregar los platos

Fregar los platos tiene algo de limpieza general de uno mismo. Ese agua que se va haciendo un remolino por el desagüe, esa espuma de los días diciendo hasta nunca envolviendo los restos de la jornada, esos platos secándose al aire de la vida cotidiana, ese descanso de ver que todo está en su sitio después de la batalla del rebozado, del conflicto del aceite y su salto olímpico fuera de la sartén.
Después la cocina se queda en calma, envuelta en un silencio magnífico, en una paz inigualable.
… Indudablemente quien no se consuela es por que no quiere.